Soy una soñadora, dicen. Unos creen que sólo son sueños, pero cuando mis triunfos se los restriegue en la cara, van a querer pellizcarse porque van a creer que están soñando. Hay gente que simplemente nunca va a creer en uno. A esa gente es a la que no hay que creerle, eso me decía mi mamá.
Ella soñó mucho y fue triunfadora: soñó con tenerme, y me tuvo. Soñó con dármelo todo, y me lo dio. Me dio los mejores momentos y los mejores consejos. Los mejores recuerdos.
Ahora yo sueño, sueño ser como ella y que luego alguien pequeñito sueñe ser como yo. Sueño con que la gente me conozca por las buenas cosas que hice y que me comparen con lo buena que era mi mamá. Luego sueño con que comparen a mi hijo o hija con lo buena que yo fui.
Esos son sueños de esos que a uno se le vienen a la mente cuando está despierto, no cuando duerme. Porque los sueños que se me vienen a la mente cuando estoy dormida, esos casi siempre son feos, o raros. Me gusta más soñar despierta.
Tengo un sueño más grande, que es inspirar a la gente a que sueñe, que sueñe lindo y que sueñe en grande. Pero no muy grande, porque hay gente que sueña tan grande que ya no se aguanta el peso de su sueño y entonces se vuelve gente frustrada. Así no, yo quiero soñar grande pero realista.
Soñar es sano, soñar es lindo. Hay un estudio científico que dice que la gente que tiene más sueños es la gente más feliz. Bueno, no sé si hay uno, pero debe haber... De todo hay estudios científicos... ¡Hasta los científicos sueñan!
Pero entre todo y todo, hay un sueño que, igual que todo mundo, quiero alcanzar, pero está muy difícil. Quiero cambiar el mundo. Quiero que un día las noticias del periódico ya no sean tan tristes o estresantes. Mis tíos se estresan cuando leen el periódico. Si yo fuera ellos, no lo leería, pero no hacen más que sentarse a desayunar y lo leen. Como que les gusta deprimirse desde buena mañana...
Yo sé que uno puede hacer cosas para cambiar el mundo, como reciclar y darle comida a los perritos callejeros, pero yo quiero hacer más. Mi mamá era muy joven y ella también soñaba con cambiar el mundo, ella fue la que me enseñó a reciclar. Yo se lo voy a enseñar a mi hijo o hija. Y eso es soñar de forma realista, pero me falta... Yo quiero como ayudar, como dice mi abuela "aportar un granito de arena" o como dice mi abuelo "dejar una huella en el mundo". Lo que no quiero es dejar una huella de carbono, porque he leído que esa es mala. Ni tampoco una huella como la que dejan los famosos en el suelo, esas no sirven para nada.
Yo quiero ayudar a que la gente sea más feliz y a que les importe las cosas que de verdad importan. La gente se preocupa por cosas que inventó, como los impuestos, pero no se preocupan por las cosas que ya estaban ahí antes de que ellos llegaran y que se están acabando. ¿Para qué inventan cosas que los van a preocupar? Luego se pelean por esas cosas y hacen guerras y dañan al planeta. Los animales no tienen la culpa de los impuestos, ni los árboles. A mi me gustan los animales y los árboles, y sueño con que un día no los atropellen ni los corten. Yo sueño con vivir en una casa de árbol, con muchos animales, y mi hijo o hija.
Un día, ya verán, esos sueños ya no van a ser sueños, van a ser cosas de verdad. Tal vez yo no pueda cumplirlos todos, pero, como dicen mis abuelos, ahí están las generaciones futuras. Hay que enseñarles a soñar bien y a pensar menos en las cosas que no duran. A veces hay que jalarle las orejas a las generaciones futuras. Yo le voy a enseñar a mi hijo o hija a hacerlo.
Y ya verán, se los voy a restregar en la cara (en realidad no sé qué significa eso, pero mi tía lo dice todo el tiempo). Mi mamá pudo cumplir sus sueños, ella siempre me decía que eso es lo bueno de ser joven y ella era joven. Yo todavía ni joven soy, todavía me falta para eso porque soy muy pequeña, pero cuando sea joven voy a perseguir mis sueños, los que se me vienen a la mente cuando estoy despierta.
Yo solo sueño con que mis sueños se hagan realidad.
jueves, 23 de febrero de 2012
martes, 7 de febrero de 2012
Microcuento impersonal e incomprensible #2
Es esa sensación de no querer (o poder) hacer nada. El insomnio, lo irritantes que se vuelven las conversaciones ajenas. Ojalá la puerta estuviera trancada, pero no puedo (o no quiero) levantarme para ir a revisar. Tengo las ganas, en serio que las tengo, pero todo lo demás quién sabe dónde lo dejé...
Me siento como... en standby, ¿sabés? Tal vez ya me volví un zombie del interné. Uso demasiadas caritas para ocultar mis emociones en el chat.
Quiero cambiar esto, quiero cansarme y dormir. Mañana voy a salir a correr.
viernes, 3 de febrero de 2012
Microcuento impersonal e incomprensible #1
La hora del sufrimiento. Cuando llegás a la casa, abro la boca y no pasa nada. Duele, duele... Vos, tan ocupado y con la cabeza en otras, siempre. No escuchás ni una palabra de lo que digo.
Yo no te exijo un "¿sí, señora?", con que me pongás dos segundos de atención basta. Pero nunca sucede. Aquí estoy, pintada en la pared.
Al menos espero ser el cuadro más bonito de la casa.
Yo no te exijo un "¿sí, señora?", con que me pongás dos segundos de atención basta. Pero nunca sucede. Aquí estoy, pintada en la pared.
Al menos espero ser el cuadro más bonito de la casa.
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